junio 23, 2026
Crecimiento de la demanda energética y una oportunidad estratégica para las renovables
El crecimiento de la IA está generando una alta demanda energética, que se traduce en presiones sobre el sistema y las redes eléctricas. Entender este vínculo es clave para pensar una transición donde digitalización y sustentabilidad avancen en la misma dirección. Para Argentina, este escenario abre la pregunta estratégica sobre cómo convertir un desafío global en una oportunidad local de desarrollo, innovación y competitividad.
La inteligencia artificial avanza a una velocidad inédita, transformando empresas y abriendo nuevas posibilidades para la productividad, la innovación y la toma de decisiones. Pero ese crecimiento acelerado trae aparejado una elevada demanda energética.
A medida que los modelos de IA se vuelven más complejos y requieren ampliar su capacidad de procesamiento, la energía necesaria para entrenarlos y ejecutarlos aumenta, lo que genera serias preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo de esta tecnología. Los centros de datos se encuentran entre los principales responsables del aumento del consumo energético mundial, y en el mediano plazo el consumo de la IA podría asimilarse a la de países enteros.
La IA no sólo necesita más electricidad, necesita una infraestructura estable, que esté preparada para abastecer una demanda constante. Hoy, esa condición todavía representa un desafío en muchos sistemas eléctricos, que enfrentan tensiones en la red, interrupciones del suministro y niveles de volatilidad que ponen en evidencia la necesidad de mayor adaptación. Los sistemas energéticos deberán volverse más flexibles para integrar de forma eficiente una matriz diversa que responda a los nuevos patrones de consumo.
Green training para un crecimiento eficiente de la IA
En este contexto, empieza a ganar terreno el concepto de green training, como una estrategia para desarrollar y entrenar sistemas de IA integrando criterios de eficiencia energética y sustentabilidad.
En términos concretos, implica reducir el consumo energético del entrenamiento y operación de modelos, optimizar la infraestructura tecnológica y hacer un uso más inteligente de estas herramientas. Esto supone, por ejemplo, mejorar la forma en que se diseñan las consultas, evitar interaciones innecesarias y elegir la herramienta o el modelo más adecuado para cada tarea. También implica mejorar el rendimiento computacional y minimizar la huella ambiental asociada al crecimiento digital.
Una transición digital y sostenbile
Pero el debate de fondo va más allá de hacer a la IA más eficiente. El punto verdaderamente estratégico está en cómo articular la transformación digital con la transición energética.
En este marco, aparece el concepto de twin transition. El enfoque propuesto parte de la base en la que digitalización y sostenibilidad no deberían pensarse como agendas separadas. Su mayor potencial aparece, justamente, cuando se integran.
Esto implica entender que la IA incrementa la demanda de electricidad y exige sistemas energéticos más robustos, pero también que puede convertirse en una herramienta decisiva para acelerar la transición energética si se aprovecha su capacidad para optimizar procesos. No se trata de frenar la innovación, sino de promoverla con más inteligencia y eficiencia.
Argentina, donde la capacidad de m² disponibles y las condiciones climáticas se vuelven estratégicos para la transición energética.
En este escenario, las energías renovables adquieren un rol central. No solo porque permiten abastecer nueva demanda reduciendo las emisiones, sino porque habilitan un modelo energético más distribuido y adaptable.
La expansión de las renovables ya no debe pensarse únicamente como una meta climática. Es principalmente una respuesta concreta al nuevo patrón de demanda que trae la economía digital, y desde Argentina, tenemos herramientas concretas para responder.
Argentina reúne condiciones únicas para que estos procesos converjan. Cuenta con amplia disponibilidad territorial y regiones con condiciones climáticas altamente favorables. El NOA, por sus condiciones climáticas, se posiciona como una de las zonas con mayores valores de recurso solar y potencial fotovoltaico a nivel global.
El país cuenta con más de 2,6 GW de potencia solar fotovoltaica instalada, que representa, todavía, una etapa inicial frente a su gran potencial de desarrollo. Si a ello le sumamos las desregulaciones en el mercado eléctrico, vemos que la inversión en renovables abre oportunidades reales para empresas que apuestan por este camino. Como mencionamos en publicaciones anteriores, esto no es excluyente para grandes empresas. También hay incentivos concretos, como el RIMI para que PyMEs puedan formar parte de esta transición, accediendo a beneficios concretos asociados a la inversión en renovables.
El principal desafío sigue siendo la infraestructura eléctrica, pero allí la IA puede aportar valor, contribuyendo a una planificación más eficiente, identificando zonas prioritarias de inversión y mejorando la integración de energías renovables en el mediano plazo.
Hablar hoy de IA sin hablar de energía es mirar solo una parte del fenómeno. Y hablar de transición energética sin considerar el impacto de la digitalización también resulta insuficiente. La cuestión de fondo ya no es si la IA va a consumir más electricidad. Eso ya está ocurriendo. La pregunta estratégica es qué sistema energético vamos a construir para acompañar ese crecimiento y cómo vamos a usar la propia IA para acelerar la transición hacia un modelo más limpio, eficiente y resiliente.