MERCADOS DE CARBONO | LO QUE DEJó UNA CONVERSACIóN CLAVE EN EL ARGENTINA CARBON FORUM

Mercados de carbono | Lo que dejó una conversación clave en el Argentina Carbon Forum

Mercados de carbono | Lo que dejó una conversación clave en el Argentina Carbon Forum

El mercado de carbono ya no compra promesas con la misma facilidad. 

Esa fue, quizás, una de las lecturas más importantes que dejó el panel “Navegando los mercados de carbono: Desarrollo, financiamiento y escalamiento de proyectos de reducción de emisiones”, realizado el 4 de junio en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en el marco del Argentina Carbon Forum 2026. 

La conversación, parte de la ruta Transición Empresarial y Finanzas para la Descarbonización, fue moderada por Carlos Villar, CEO de HINS, y reunió miradas complementarias sobre una pregunta que hoy atraviesa a desarrolladores, inversores, empresas y gobiernos: qué necesita un proyecto climático para dejar de ser una buena idea y convertirse en una solución financiable, escalable y confiable. 

Participaron Tomás Gutiérrez, CFO y Cofundador de NideportDante Garavaglia, Gerente General de General Villegas BiogásRicardo Bertolino, Director Ejecutivo de la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático, RAMCC; y Álvaro Pérez del Castillo, Director Ejecutivo de Carbosur. 

No fue una conversación abstracta. El panel permitió poner sobre la mesa los temas que hoy definen el futuro del mercado, tales como calidad, integridad ambiental, financiamiento temprano, metodologías, demanda futura, proyectos de biogás, acción climática local, Artículo 6, CORSIA y oportunidades para América Latina. 

El mercado cambió de pregunta 

Durante años, buena parte de la conversación sobre créditos de carbono giró alrededor del volumen. Cuántos créditos podía generar un país. Qué sectores tenían mayor potencial. Qué proyectos podían ingresar más rápido al mercado. 

Hoy la pregunta es distinta. 

El mercado quiere saber si esos créditos son confiables. Si el proyecto tiene adicionalidad real. Si la metodología es sólida. Si hay trazabilidad de datos. Si los beneficios pueden sostenerse en el tiempo. Si el riesgo reputacional está bien gestionado. Si detrás del crédito hay una reducción o remoción de emisiones que pueda defenderse técnicamente. 

Por eso se habla cada vez más de una “fuga hacia la calidad”. No todos los créditos cuentan la misma historia. Y los compradores lo saben. 

Para los desarrolladores, esto cambia el punto de partida. Ya no alcanza con diseñar un proyecto pensando únicamente en la futura emisión de créditos. La calidad se construye mucho antes; en la línea de base, en la selección metodológica, en la gobernanza, en el monitoreo, en la documentación y en la forma en que se gestionan los riesgos. 

Un crédito vale por la tonelada que representa, pero también por la confianza que genera. 

Bancabilidad, la palabra que ordena la discusión 

Uno de los aportes centrales del panel fue llevar la conversación del potencial climático a la bancabilidad. Porque un proyecto puede ser ambientalmente interesante y, aun así, no ser financiable. 

Para escalar, necesita demostrar algo más que impacto. Necesita mostrar estructura técnica, claridad financiera, capacidad de ejecución, lectura regulatoria, demanda futura y un modelo de ingresos creíble. También necesita responder una pregunta incómoda: quién está dispuesto a poner capital antes de que el crédito exista. 

Ahí aparecen nuevas herramientas. Los contratos de offtake, los acuerdos anticipados de compra y otras estructuras de financiamiento temprano empiezan a ocupar un lugar cada vez más relevante. El capital se mueve aguas arriba, antes de la emisión, pero no lo hace a ciegas. Busca proyectos bien armados. 

Para Argentina y América Latina, esta discusión es clave. La región tiene potencial, pero muchas veces enfrenta barreras conocidas, como dificultad de acceso a capital, incertidumbre regulatoria, proyectos con baja estructuración y falta de puentes entre el mundo técnico y el financiero. 

La oportunidad no está solo en generar créditos. Está en construir proyectos que puedan ser leídos por el mercado como activos climáticos serios. 

Del dato técnico al territorio 

El panel también mostró algo importante, y es que los mercados de carbono no se juegan solamente en estándares internacionales o tableros financieros. Se juegan en territorios concretos. 

El biogás es un buen ejemplo. La captura y aprovechamiento de metano puede tener un alto valor climático, especialmente en residuos, efluentes y actividades agroindustriales. Pero para que esos proyectos escalen, hace falta mucho más que una oportunidad ambiental. 

Hace falta operación eficiente, inversión inicial, estabilidad de ingresos, reglas claras, metodología adecuada y capacidad de sostener el proyecto en el tiempo. 

La experiencia de General Villegas Biogás, compartida por Dante Garavaglia, permitió mirar esa complejidad desde un caso concreto. En proyectos de este tipo, el carbono puede mejorar la ecuación económica y atraer financiamiento, pero no debería ser el único sostén del modelo de negocio. 

Algo similar ocurre con los gobiernos locales. La acción climática subnacional tiene un enorme potencial, pero suele enfrentar una brecha entre planificación y financiamiento. Muchos municipios identifican medidas de mitigación, pero no siempre cuentan con capacidades técnicas, datos o estructura institucional para convertirlas en proyectos financiables. 

Desde la experiencia de la RAMCCRicardo Bertolino aportó una mirada clave. El trabajo en red puede ayudar a ordenar capacidades, escalar aprendizajes y acercar la agenda climática local a mecanismos de financiamiento más sofisticados. 

América Latina tiene potencial, pero necesita confianza 

América Latina puede ser una región relevante para los mercados de carbono. Tiene recursos naturales, sectores productivos con oportunidades de reducción de emisiones, potencial en bioenergía, conservación, agricultura, residuos, energías renovables y soluciones basadas en la naturaleza. 

Pero el potencial no alcanza. 

Para acceder a mercados de mayor valor, la región necesita fortalecer capacidades institucionales, metodológicas y financieras. También necesita reglas más claras, coordinación público-privada y proyectos preparados para responder a estándares cada vez más exigentes. 

El Artículo 6 del Acuerdo de París y CORSIA pueden abrir nuevas oportunidades, pero también elevan la vara. Participar en estos mecanismos exige autorizaciones, contabilidad robusta, prevención de doble conteo, alineación regulatoria y una arquitectura institucional capaz de sostener la confianza. 

La mirada regional de Álvaro Pérez del Castillo, desde Carbosur, permitió sumar aprendizajes desde Uruguay y el mercado global. Esa comparación es valiosa para Argentina, que hoy se encuentra ante una ventana de oportunidad, pero también ante el riesgo de llegar tarde si no acelera sus capacidades. 

En ese ecosistema, el aporte de referentes como Alejandra Cámara y Eduardo Piquero, junto al impulso de Argentina Carbon Forum, ayuda a consolidar una conversación necesaria para que la agenda no quede encerrada en diagnósticos, sino que avance hacia proyectos. 

Lo que queda después de la conversación 

La principal reflexión no es que el mercado de carbono ofrece una oportunidad. Eso ya lo sabemos. 

Lo importante es entender bajo qué condiciones esa oportunidad puede transformarse en escala. 

Los proyectos que avancen no serán necesariamente los que prometan más créditos, sino los que puedan demostrar mayor solidez. Los que integren calidad técnica, integridad ambiental, financiamiento, gobernanza y capacidad de ejecución. Los que puedan generar confianza antes, durante y después de la emisión. 

Para Argentina y América Latina, el desafío es pasar del potencial a la estructura. De la conversación a los proyectos. De la promesa climática a modelos financiables y con impacto real. 

Desde HINS entendemos que los mercados de carbono pueden ser una herramienta poderosa para acelerar soluciones climáticas, siempre que se los piense con seriedad. No como un atajo reputacional. No como un reemplazo de la reducción directa de emisiones. Y mucho menos como una solución aislada. 

Su valor aparece cuando ayudan a canalizar inversión hacia proyectos bien diseñados, con beneficios medibles y capacidad de sostenerse en el tiempo. 

La oportunidad está abierta. La diferencia la harán quienes puedan construir confianza. 

Desde HINS seguiremos impulsando conversaciones, proyectos y alianzas que contribuyan a transformar la ambición climática en soluciones financiables, escalables y con impacto real. 

 

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