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CLAVES PARA SEGUIR EL COMIENZO DE LA COP30

Claves para seguir el comienzo de la COP30

Claves para seguir el comienzo de la COP30

La 30ª Conferencia de las Partes (COP30) comenzó oficialmente. Del 10 al 21 de noviembre, Brasil es el anfitrión de la COP30. El evento tiene lugar en la ciudad de Belém, perteneciente al estado de Pará.

En un escenario internacional desafiante, las negociaciones llegan con tensiones sobre financiamiento, adaptación y justicia climática, mientras crece la expectativa por el liderazgo regional del Grupo SUR y el regreso de Argentina al escenario climático internacional.

En este marco, el reciente informe de la ONU “Emissions Gap Report 2025” confirma que el sobrepaso temporal del límite de 1.5°C es prácticamente inevitable hacia comienzos de la próxima década, lo que reorienta el foco global hacia la adaptación y la gestión de los impactos climáticos. Este punto es un eje central en la COP30.

Desde HINS volvemos a participar de este espacio clave, convencidos de que el rol del sector privado es más relevante que nunca. Los acuerdos que se definan en la COP30 deben traducirse en políticas viables, y somos las empresas quienes, en articulación con el sector público, ejecutamos esas decisiones a través de proyectos concretos con impacto regional.

Panorama Global y Geopolítico

La COP30 se desarrolla en un contexto internacional complejo, marcado por tensiones geopolíticas y un incremento del gasto en defensa, factores que desvían la atención política y los recursos destinados a la acción climática. En la antesala de la COP30, Brasil destacó su preocupación por la inversión mundial en defensa: cada año se destinan 2,7 billones de dólares en gasto militar, más del doble de lo que se estima necesario para enfrentar la crisis climática. Una cifra que pone en evidencia la necesidad de replantear las prioridades globales frente a la emergencia climática. Además, el panorama geopolítico se complejiza con la decisión de Estados Unidos de adoptar una participación limitada en la COP30, lo que reconfigura las dinámicas de negociación y otorga mayor espacio a países que históricamente han frenado el avance de los compromisos globales. La participación reducida de uno de los mayores contribuyentes de financiamiento climático -y, a la vez, uno de los principales emisores de CO₂ del planeta- genera preocupación por el futuro de la cooperación internacional. En paralelo, la Alianza de los Pequeños Estados Insulares (AOSIS) denunció el cuestionamiento de algunos países, especialmente productores de petróleo, al límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura global establecido en el Acuerdo de París. Este retroceso encendió las alarmas dentro de la comunidad internacional, particularmente entre las naciones más vulnerables al cambio climático. El objetivo de la presidencia brasileña es pivotar el enfoque de las negociaciones hacia la implementación de acuerdos para demostrar que el multilateralismo funciona, dado que la reglamentación base del Acuerdo de París ya está completa. En línea con este propósito, Brasil presentó una agenda amplia y transversal que guiará las discusiones de la COP30, con énfasis en la implementación de políticas, la inclusión de nuevos actores y la innovación tecnológica. La elección estratégica de Belém como sede busca además poner el foco en la justicia ambiental y presionar a los países desarrollados para que cumplan con sus compromisos de financiamiento climático. Al no priorizar las “comodidades” como sedes anteriores, Brasil centra el debate en la justicia climática y en la necesidad de financiamiento para la adaptación y el desarrollo sostenible, convirtiendo un desafío logístico en una fortaleza simbólica para la cumbre.

Durante las dos semanas de la cumbre, se abordarán los siguientes ejes temáticos:

  • 10 y 11 de noviembre: adaptación, ciudades, infraestructura, agua, residuos, gobiernos locales, bioeconomía, economía circular, ciencia, tecnología e inteligencia artificial.
  • 12 y 13 de noviembre: salud, empleo, educación, cultura, justicia, derechos humanos, integridad de la información, trabajadores y evaluación ética global (Global Ethical Stocktake).
  • 14 y 15 de noviembre: energía, industria, transporte, comercio, finanzas, mercados de carbono y gases no CO₂.
  • 17 y 18 de noviembre: bosques, océanos, biodiversidad, pequeñas y medianas empresas, pueblos indígenas, comunidades locales, niñez y juventud.
  • 19 y 20 de noviembre: agricultura, sistemas alimentarios, seguridad alimentaria, pesca, agricultura familiar, mujeres, género, afrodescendientes y turismo.
  • 21 de noviembre: plenarias de cierre, adopción de decisiones finales y declaración de la Presidencia.

Conclusiones de la Cumbre de Bonn

La Conferencia sobre el Cambio Climático de Bonn, celebrada en junio del corriente año, tuvo como objetivo sentar las bases técnicas y políticas para la COP30. Sin embargo, las discusiones se centraron en cuestiones de agenda, con poco progreso en los asuntos sustantivos de los temas materiales. Las negociaciones se retrasaron dos días debido a diferencias sobre la inclusión de nuevos temas, como la financiación climática pública de países desarrollados (que hoy priorizan otros destinos) y las medidas comerciales unilaterales.

Algunos de los puntos álgidos del debate fueron:

  • Financiamiento climático: persiste una gran incertidumbre sobre cómo se movilizarán los fondos comprometidos para las naciones en desarrollo, uno de los acuerdos más relevantes que dejó la COP29. Aunque se fijó una meta de al menos 300 mil millones de dólares anuales hacia 2035 provenientes de fuentes públicas, el financiamiento destinado a adaptación continúa siendo un punto de fricción. La falta de decisiones concretas en la COP29 provocó un estancamiento en las discusiones de Bonn, donde los países en desarrollo reclamaron más fondos no reembolsables y cuestionaron las condiciones crediticias que podrían agravar su nivel de endeudamiento.
  • Meta Global de Adaptación (GGA): no se logró un acuerdo completo sobre los indicadores para medir el progreso en adaptación, debido a diferencias respecto a la inclusión de medios de financiamiento y conceptos como la adaptación transformacional.
  • Planes Nacionales de Adaptación (NAPs): las discusiones sobre los NAPs también concluyeron sin acuerdo, dejando como resultado un texto preliminar incompleto que pospone las definiciones para la COP30. En este contexto, Argentina presentó recientemente su Tercera Comunicación de Adaptación (ADCOM 3) donde incorpora formalmente el enfoque de Pérdidas y Daños (L&D) como tercer pilar de su política climática nacional. Este avance sitúa al país en sintonía con la agenda central de Belém, centrada en la gestión de los impactos irreversibles del cambio climático, ante el reconocimiento de que el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5°C se encuentra en riesgo crítico.
  • Pérdidas y Daños: hubo un progreso limitado en la revisión del Mecanismo Internacional de Varsovia (WIM) así como del informe anual conjunto del comité ejecutivo de WIM y la red de Santiago. El texto resultante, aún informal, se evaluará en la COP30, donde continuará en tratativas entre las Partes. La financiación del fondo de pérdidas y daños continúa muy por debajo de las necesidades estimadas.
  • Programa de Trabajo de Transición Justa (JTWP): se registró cierto progreso, y el tema fue priorizado por la presidencia brasileña. Las discusiones sobre medidas comerciales unilaterales fueron absorbidas por este programa, que, si bien aún no tiene un acuerdo final, fue considerado una buena base para las negociaciones en Belém.

Los debates que quedaron abiertos en Bonn marcan la hoja de ruta de esta nueva cumbre. Durante las próximas dos semanas, el desafío será pasar del diálogo a la acción, transformar los pendientes en acuerdos concretos y demostrar que el multilateralismo sigue siendo una herramienta viable frente a la emergencia climática. Todas las miradas estarán puestas en cómo la presidencia brasileña impulsa consensos y logra traducir las negociaciones en compromisos efectivos de implementación.

 
 

La participación de Argentina en la COP30

Si bien con una delegación reducida, Cancillería argentina participará en la COP30. En esta cumbre, el país sostendrá una postura de coexistencia entre los combustibles fósiles y las energías renovables -como la solar, hídrica, eólica y los biocombustibles-, promoviendo al gas natural como combustible de transición hacia una matriz energética más limpia. La delegación argentina mantiene un perfil reservado, mientras busca posicionar su estrategia nacional dentro del marco de las discusiones globales sobre acción climática y transición energética.

Hace apenas unos días, Argentina presentó su Tercera Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0), que fija una meta de emisiones netas que no superará las 375 MtCO₂e para 2030 y 2035, un objetivo menos ambicioso que el establecido en la versión anterior. Este desacople entre el compromiso técnico y la orientación política representa un riesgo estratégico: aunque el país presentó un documento que destacaría por una mayor calidad y transparencia técnica -con una mayor cobertura territorial y nuevas categorías de emisión reportadas-, el escepticismo político podría dificultar que Argentina aproveche la cohesión regional y acceda a los nuevos mecanismos de financiamiento que se negociarán y anunciarán en la COP30.

 

Presencia de actores subnacionales

La provincia de Córdoba participará junto a otras provincias argentinas en la COP30 como parte de la Alianza Verde Argentina (AVA), un bloque interprovincial conformado en 2024 para fortalecer la acción climática desde los gobiernos subnacionales.

Desde HINS, acompañamos y promovemos la participación de la sociedad civil, comunidades locales, empresas y gobiernos subnacionales en los procesos internacionales de acción climática. Creemos que, frente a desafíos globales, las soluciones deben surgir desde los territorios, impulsando la colaboración, la equidad y la implementación efectiva de acciones sostenibles.

En la actualidad, la adaptación climática se consolida como una prioridad urgente, especialmente en regiones que ya enfrentan los efectos del cambio climático. En este contexto, el sector privado cumple un rol fundamental: puede ejecutar proyectos, aportar innovación y escalar soluciones concretas en alianza con el sector público. La convergencia entre sector público y privado es fundamental para orientar el financiamiento internacional hacia iniciativas de adaptación con impacto territorial, asegurando que las decisiones globales se traduzcan en acciones locales y sostenibles


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